lunes, 15 de junio de 2015

Traeme tu amor (de bukowski, una adaptación)

Cuadro Uno
Harry bajó por la escalera hasta el jardín. Allí estaban muchos de los pacientes. Le habían dicho que allí estaba su mujer, Gloria. La vio sentada a una mesa, sola. Se acercó a ella en diagonal, por un lado y un poco por detrás. Caminó alrededor de la mesa y se sentó frente a ella. Gloria estaba muy erguida y muy pálida. Lo miró pero no lo vio. Entonces lo vio.
GLORIA:  —¿Sos el revisor? 
HARRY: —¿El revisor de qué?
GLORIA: —El revisor de la verosimilitud.
HARRY: —No, no lo soy.
(Estaba pálida y tenía ojos de un azul muy, muy pálido).
HARRY: —¿Cómo te sentis, Gloria?
GLORIA: —Sos, un gato, Harry. Lo único que te importa son las minitas.
HARRY: —No es cierto, Gloria.
GLORIA:—¿También les decis “te quiero”, “sos hermosa”? ¿No hay lugar en tu cabeza para algo más que traseros de minitas?
HARRY: —Pensaba traer a tu madre, Gloria, pero está en cama con gripe.
GLORIA:  -Esa vieja bruja siempre está en cama con algo… ¿Sos el revisor?
(Había pacientes en otras mesas o de pie contra los árboles o tendidos en el césped. Todos inmóviles y en silencio).
HARRY: —¿Qué tal es acá la comida, Gloria? ¿Tenes amigos?
GLORIA: —Una porquería. Y no, no tengo amigos ni amigas. Buscador  de talentos femeninos.
HARRY: —¿Queres algo para leer? ¿Qué puedo traerte?
(Gloria no respondió. Levantó la mano derecha, la miró, cerró el puño y se pegó de lleno en la nariz, con fuerza. Harry le sujetó las dos manos).
HARRY: —¡Gloria, por favor! (Gloria se echa a llorar).
GLORIA: —¿Por qué no me traes bombones?
HARRY: —Gloria, me dijiste que detestabas los bombones.
(Por las mejillas de Gloria rodaban abundantes lágrimas).
GLORIA: —¡No detesto los bombones! ¡Me encantan los bombones!
HARRY: —No llores, Gloria, por favor… Te traigo bombones, lo que quieras… Escuchame, alquilé una habitación en un hotel a un par de cuadras, sólo para estar cerca tuyo.
(Los ojos pálidos de GLORIA se agrandaron).
GLORIA: —¿Una habitación de hotel? ¡Estás ahí con una de tus minitas! ¡Ven juntos la tele y se miran  en el espejo que hay en todo el techo!
HARRY: —Voy a estar un par de días, Gloria   (con voz tranquilizadora). Te voy a traer todo lo que quieras.
GLORIA: —Entonces tráeme tu amor.  ¿Por qué demonios no me traes tu amor? (Algunos de los pacientes volvieron la cabeza y miraron).
HARRY: —Gloria, estoy seguro de que no hay nadie que se preocupe por vos tanto como yo.
GLORIA: —¿Así que queres traerme bombones? ¡métetelos ya sabes donde! ¡si ese lugar idolatrado por vos! Idolatra de traseros de minitas.
(Harry sacó una tarjeta de la cartera. Una tarjeta del hotel. Se la entregó a Gloria).
HARRY: —Quiero darte esto antes de que me olvide. ¿Te dejan llamar al exterior? No dudes en llamarme si precisas algo.
(Gloria no respondió. Guardó la tarjeta y la dobló hasta formar un pequeño cuadrado. Después se agachó, se quitó uno de los zapatos, metió la tarjeta dentro y se lo puso de nuevo. Entonces Harry ve al doctor Jensen se acerca atravesando el jardín. Sonriente, el doctor Jensen se detiene delante de ellos).
DR. JENSEN: —Bueno, bueno, bueno…
GLORIA: —Hola, doctor Jensen.  (Habla sin emoción).
DR. JENSEN: —¿Puedo sentarme?
GLORIA —Claro.
(El médico miró a Gloria. El médico miró a Harry).
DR. JENSEN: —Bueno, bueno, bueno. Estoy muy contento con el progreso que hemos hecho hasta ahora…
GLORIA: —Sí, doctor Jensen. Le estaba contando a Harry lo estable que me siento, lo que me han ayudado las consultas y las sesiones de grupo. Se me ha ido en gran medida aquella ira irracional, aquella frustración inútil y buena parte de aquella autocompasión tan destructiva…
DR. JENSEN: —Gloria ha tenido una notable recuperación.
HARRY: —Sí, me he dado cuenta.
DR. JENSEN: —Creo, Harry, que en muy poco tiempo más tendrá a Gloria con usted en casa.
GLORIA: —Doctor, ¿me da un cigarrillo?
DR. JENSEN: —Por supuesto (se saca un paquete de cigarrillos. Gloria saca uno, y el médico alarga la mano haciendo funcionar el encendedor bañado en oro. Gloria inhala, exhala…)
GLORIA: —Tiene bellas manos, doctor Jensen.
DR. JENSEN: —Muchas gracias, querida.
GLORIA: —Y una bondad que salva, una bondad que cura…
DR. JENSEN: —Bueno, hacemos lo que podemos… (con voz suave). Ahora, si me disculpan, iré a hablar con otros pacientes (se levanta de la silla y se dirige a otra mesa. Gloria mira a Harry).
GLORIA: —¡Gordo[1] imbécil! ¡Se almuerza los mocos de las enfermeras!
HARRY: —Gloria, me encantó verte, pero hice un viaje largo y necesito descansar un poco. Y creo que el médico tiene razón. He notado cierta mejoría (Gloria se echa a reír. Una risa falsa, como ensayada).
GLORIA: —No he mejorado nada; más bien he empeorado…
HARRY: —Eso no es cierto, Gloria…
GLORIA: —Yo soy la paciente, Cabeza de Pez. Me puedo diagnosticar mejor que nadie.
HARRY: —¿Qué es eso de «Cabeza de Pez»?
GLORIA: —¿Nunca te dijeron que tenes la cabeza parecida a la de un pez?
HARRY: —No.
GLORIA: —La próxima vez que te afeites, fíjate. Y no te cortarte las agallas.
HARRY:—Ahora me voy… pero mañana te visito de nuevo.
GLORIA: —La próxima vez trae al revisor.
HARRY: —¿Estás segura de que no queres nada?
GLORIA: —¡Volves a la habitación de ese hotel sólo para estar con tu minita!
HARRY: —¿Qué te parece si te traigo una revista? ¿o muchas? A vos te gustaba leer revistas de todo tipo…
GLORIA: —¡Métete las revistas ya sabes donde Cabeza de Pez! ¡Y después, anda a la pescadería! (Harry se inclinó sobre la mesa y apretó la mano con la que ella se había golpeado la nariz).
HARRY:  -Seguí así, no te desanimes. Pronto te vas a poner bien… (Harry se levanta despacio, da media vuelta y camina hacia la escalera. Al llegar a la mitad de los escalones, mira hacia atrás y saluda a Gloria con la mano. Ella sigue inmóvil).

Cuadro dos
(HARRY y una mujer en una habitación de hotel en penumbra, abrazados, suena el teléfono. Harry sigue abrazado, y también el teléfono, un rato largo.
HARRY:  —Mierda  ( mientras rodaba hacia un lado y otro con NANU.  Enciende la luz y atiende el teléfono, rodando como si fuera difícil atender).
Gloria: —Hola…¡Estás con una minita!
HARRY: —Gloria, ¿te dejan hablar por teléfono tan tarde? ¿No te dan una pastilla para dormir o algo por el estilo?
GLORIA: —¿Por qué tardaste tanto tiempo?
HARRY: —¿Nunca fuiste al baño? Estaba en plena acción cuando se te ocurrió llamar.
GLORIA: —No lo dudo… ¿Vas a terminar de hacerlo cuando hayas logrado que cuelgue?
HARRY: —Gloria, es esa maldita paranoia extrema lo que te ha llevado al sitio donde estás.
GLORIA: —Cabeza de Pez, mi paranoia ha anunciado muchas veces una inmediata verdad…
HARRY: —Oime, estás diciendo incoherencias. Trata de dormir un rato. Mañana voy a verte.
GLORIA: —¡Sí, Cabeza de Pez, termina lo que estabas haciendo! ( cuelga. NANU, con la bata puesta, estaba sentada en el borde de la cama; en la mesilla de noche tenía una Speedy. Enciende un cigarrillo y cruza las piernas).
NANU: —¿Y?  ¿Cómo está la dulce esposa? (Harry destapa una lata y se sienta al lado).
HARRY: —Lo siento, Nanu…
NANU: —¿Qué decis? ¿Hablas de mí, de ella o de qué? ( Harry apura un trago).
HARRY: —No hagamos de esto una maldita telenovela.
NANU: —¿Ah, sí? Bueno, ¿qué queres que sea entonces? ¿un touch and go? ¿Vas a terminar entonces lo que empezaste? ¿O solito estas mejor?[2] (Harry miró a Nan).
HARRY: —No te  hagas  la  piola.  Conocías  tan   bien  como     yo el tema ¡Quisiste acompañarme!
NANU: —¡Lo hice porque sabía que si no venía traerías a una minita!
HARRY: —¡Pero!,  otra vez esa palabra.
NANU: —¿Qué palabra? ¿Qué palabra? (vació el vaso y lo arrojó contra la pared. HARRY se levantó y fue a buscarlo, lo llenó de nuevo y se lo entregó a NANU; después llenó el suyo. NANU miró el vaso, tomó un sorbo y lo dejó sobre la mesilla de noche).
NANU: —¡Voy a llamarla, voy a contarle todo!
HARRY: —¡Ni lo sueñes! ¡Es una mujer enferma!
NANU: —¡Y vos sos más enfermo!
(En ese momento volvió a sonar el teléfono. Estaba en el suelo, en el centro  de  la habitación, donde lo había dejado Harry. Los dos saltaron de la cama hacia él. Al sonar por segunda vez, ambos agarraron el auricular. Rodaron una y otra vez sobre la alfombra, resoplando, todo brazos y piernas y cuerpos desesperadamente yuxtapuestos como reflejó con fidelidad el espejo que ocupaba todo el techo).




[1] “gordo”, “flaco”, “narigón”….
[2] “o te la arreglas solito”

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