Cuadro Uno
Harry bajó por la escalera hasta el jardín. Allí estaban muchos de
los pacientes. Le habían dicho que allí estaba su mujer, Gloria. La vio sentada
a una mesa, sola. Se acercó a ella en diagonal, por un lado y un poco por detrás.
Caminó alrededor de la mesa y se sentó frente a ella. Gloria estaba muy erguida y muy pálida. Lo miró pero
no lo vio. Entonces lo vio.
GLORIA: —¿Sos el revisor?
HARRY: —¿El revisor de
qué?
GLORIA: —El revisor de la verosimilitud.
HARRY: —No, no lo soy.
(Estaba pálida y tenía ojos de un azul muy, muy pálido).
HARRY: —¿Cómo
te sentis, Gloria?
GLORIA:
—Sos, un gato, Harry. Lo
único que te importa son las minitas.
HARRY:
—No es cierto, Gloria.
GLORIA:—¿También les
decis “te quiero”, “sos hermosa”? ¿No hay lugar en tu cabeza para algo más que
traseros de minitas?
HARRY: —Pensaba traer a tu madre, Gloria, pero está
en cama con gripe.
GLORIA: -Esa vieja bruja siempre está en cama con algo… ¿Sos el revisor?
(Había pacientes en otras mesas o de pie contra los árboles o
tendidos en el césped. Todos inmóviles y en silencio).
HARRY:
—¿Qué tal es acá la comida, Gloria? ¿Tenes amigos?
GLORIA: —Una porquería. Y no, no tengo amigos ni amigas. Buscador de talentos femeninos.
HARRY: —¿Queres algo para leer? ¿Qué puedo traerte?
(Gloria no respondió. Levantó la mano derecha, la miró, cerró el
puño y se pegó de lleno en la nariz, con fuerza. Harry le sujetó las dos manos).
HARRY: —¡Gloria, por favor! (Gloria se echa a llorar).
GLORIA: —¿Por qué no me traes
bombones?
HARRY: —Gloria, me dijiste que
detestabas los bombones.
(Por
las mejillas de Gloria rodaban abundantes lágrimas).
GLORIA: —¡No detesto los
bombones! ¡Me encantan los bombones!
HARRY: —No llores, Gloria, por
favor… Te traigo bombones, lo que quieras… Escuchame, alquilé una habitación en
un hotel a un par de cuadras, sólo para estar cerca tuyo.
(Los
ojos pálidos de GLORIA se agrandaron).
GLORIA: —¿Una
habitación de hotel? ¡Estás ahí con una de tus minitas! ¡Ven juntos
la tele y se miran en el espejo que hay en todo el techo!
HARRY: —Voy a
estar un par de días, Gloria (con voz tranquilizadora).
Te voy a traer todo lo que quieras.
GLORIA: —Entonces
tráeme tu amor. ¿Por qué demonios
no me traes tu amor? (Algunos de
los pacientes volvieron la cabeza y miraron).
HARRY: —Gloria, estoy seguro de
que no hay nadie que se preocupe por vos tanto como yo.
GLORIA: —¿Así
que queres traerme bombones? ¡métetelos ya sabes donde! ¡si ese lugar idolatrado por vos! Idolatra de
traseros de minitas.
(Harry sacó una tarjeta de la cartera.
Una tarjeta del hotel. Se la entregó a Gloria).
HARRY: —Quiero
darte esto antes de que me olvide.
¿Te dejan llamar al exterior? No
dudes en llamarme si precisas algo.
(Gloria no respondió. Guardó la tarjeta
y la dobló hasta formar un pequeño cuadrado. Después
se agachó, se quitó uno de los zapatos,
metió la tarjeta dentro y se lo puso de
nuevo. Entonces Harry ve al doctor Jensen se acerca atravesando
el jardín. Sonriente, el doctor Jensen
se detiene delante de ellos).
DR. JENSEN: —Bueno,
bueno, bueno…
GLORIA: —Hola, doctor Jensen.
(Habla sin emoción).
DR. JENSEN: —¿Puedo
sentarme?
GLORIA —Claro.
(El médico miró a Gloria.
El médico miró a Harry).
DR. JENSEN: —Bueno,
bueno, bueno. Estoy muy contento con el
progreso que hemos hecho hasta ahora…
GLORIA: —Sí, doctor Jensen. Le estaba contando a Harry lo estable
que me siento, lo que me
han ayudado las consultas
y las sesiones
de grupo. Se me ha ido en gran medida aquella ira irracional, aquella frustración inútil y buena parte de aquella
autocompasión tan destructiva…
DR. JENSEN: —Gloria ha tenido una notable recuperación.
HARRY: —Sí, me he
dado cuenta.
DR. JENSEN: —Creo, Harry, que en muy poco tiempo más tendrá a Gloria con usted en casa.
GLORIA: —Doctor, ¿me da
un cigarrillo?
DR. JENSEN: —Por supuesto
(se saca un paquete de cigarrillos.
Gloria saca uno, y el médico alarga
la mano haciendo funcionar el encendedor bañado en oro.
Gloria inhala, exhala…)
GLORIA: —Tiene bellas manos,
doctor Jensen.
DR. JENSEN: —Muchas
gracias, querida.
GLORIA: —Y una bondad que salva, una bondad que
cura…
DR. JENSEN: —Bueno,
hacemos lo que podemos… (con voz suave). Ahora, si me disculpan, iré
a hablar con otros pacientes
(se levanta de la silla y se dirige a otra mesa. Gloria mira a Harry).
HARRY: —Gloria, me encantó verte, pero hice un viaje largo y necesito descansar un poco. Y
creo que el médico tiene razón. He
notado cierta mejoría (Gloria se
echa a reír. Una risa falsa,
como ensayada).
GLORIA: —No he mejorado nada;
más bien he empeorado…
HARRY: —Eso no
es cierto, Gloria…
GLORIA: —Yo soy la paciente, Cabeza de Pez. Me puedo
diagnosticar mejor que nadie.
HARRY: —¿Qué es
eso de «Cabeza de Pez»?
GLORIA: —¿Nunca
te dijeron que tenes la cabeza parecida a la de un pez?
HARRY: —No.
GLORIA: —La próxima vez que te afeites,
fíjate. Y no te cortarte las agallas.
HARRY:—Ahora me voy… pero mañana te visito de
nuevo.
GLORIA: —La próxima vez trae al revisor.
HARRY: —¿Estás segura de que no queres nada?
GLORIA: —¡Volves a la habitación
de ese hotel sólo para estar con tu minita!
HARRY: —¿Qué te parece
si te traigo una revista? ¿o muchas? A vos te gustaba leer revistas
de todo tipo…
GLORIA: —¡Métete las revistas ya sabes donde Cabeza de Pez! ¡Y después, anda a la pescadería! (Harry se inclinó sobre la
mesa y apretó la mano con
la que ella se había golpeado la nariz).
HARRY: -Seguí
así, no te desanimes. Pronto te vas a poner bien… (Harry se levanta despacio, da
media vuelta y camina hacia la escalera. Al llegar
a la mitad de los escalones,
mira hacia atrás y saluda a Gloria con la mano. Ella
sigue
inmóvil).
Cuadro dos
(HARRY y una mujer en una habitación de hotel en penumbra, abrazados, suena el teléfono. Harry sigue abrazado, y también el
teléfono, un rato largo.
HARRY: —Mierda ( mientras
rodaba hacia un lado y otro con NANU. Enciende
la luz y atiende el teléfono, rodando como si fuera difícil atender).
Gloria:
—Hola…¡Estás con una minita!
HARRY: —Gloria,
¿te dejan hablar por teléfono tan tarde? ¿No te dan una pastilla para dormir o
algo por el estilo?
GLORIA: —¿Por
qué tardaste tanto tiempo?
HARRY: —¿Nunca
fuiste al baño? Estaba en plena acción cuando se te ocurrió llamar.
GLORIA: —No lo
dudo… ¿Vas a terminar de hacerlo cuando hayas logrado que cuelgue?
HARRY: —Gloria,
es esa maldita paranoia extrema lo que te ha llevado al sitio donde estás.
GLORIA: —Cabeza
de Pez, mi paranoia ha anunciado muchas veces una inmediata verdad…
HARRY: —Oime,
estás diciendo incoherencias. Trata de dormir un rato. Mañana voy a verte.
GLORIA: —¡Sí,
Cabeza de Pez, termina lo que estabas haciendo! ( cuelga. NANU, con la bata puesta, estaba sentada en el borde de la
cama; en la mesilla de noche tenía una Speedy. Enciende un cigarrillo y cruza
las piernas).
NANU: —¿Y? ¿Cómo está la dulce esposa? (Harry destapa una
lata y se sienta al lado).
HARRY: —Lo
siento, Nanu…
NANU: —¿Qué decis?
¿Hablas de mí, de ella o de qué?
( Harry apura un trago).
HARRY: —No
hagamos de esto una maldita telenovela.
NANU: —¿Ah, sí?
Bueno, ¿qué queres que sea entonces? ¿un touch
and go? ¿Vas a terminar entonces lo que empezaste? ¿O solito estas mejor?[2] (Harry miró a Nan).
HARRY: —No te
hagas la piola.
Conocías tan bien como
yo el tema ¡Quisiste acompañarme!
NANU: —¡Lo hice porque sabía que si
no venía traerías a una minita!
HARRY: —¡Pero!, otra vez esa palabra.
NANU: —¿Qué palabra? ¿Qué palabra? (vació el vaso y lo
arrojó contra la pared. HARRY se levantó y fue a buscarlo, lo llenó de nuevo y
se lo entregó a NANU; después llenó el suyo. NANU miró el vaso, tomó un sorbo y
lo dejó sobre la mesilla de noche).
NANU: —¡Voy a llamarla, voy a contarle todo!
HARRY: —¡Ni lo sueñes! ¡Es una mujer enferma!
NANU: —¡Y vos sos más enfermo!
(En ese momento volvió a sonar el teléfono. Estaba en
el suelo, en el centro de la habitación, donde lo había dejado Harry.
Los dos saltaron de la cama hacia él. Al sonar por segunda vez, ambos agarraron
el auricular. Rodaron una y otra vez sobre la alfombra, resoplando, todo brazos
y piernas y cuerpos desesperadamente yuxtapuestos como reflejó con fidelidad el
espejo que ocupaba todo el techo).
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